Queremos que quede claro desde un primer momento. El salario emocional jamás debe ser una excusa para que el profesional no disfrute de unas condiciones laborales adecuadas. Dicho esto, es un excelente complemento para retener, fidelizar y mostrar respeto hacia las personas que trabajan en una empresa.

A estas alturas del siglo XXI, nadie niega públicamente la importancia de los recursos humanos en las organizaciones. No obstante, todavía son habituales las políticas empresariales que se olvidan de poner mimo y cuidado en la gestión de personas en la empresa. Se percibe como algo naif o de líderes con una componente de debilidad.

Las personas son uno  de los principales elementos que mueve las organizaciones. No son la única palanca de crecimiento, pero son fundamentales. Es imprescindible invertir en ellas.

Sin embargo, la inversión en personas tienen una característica especial que no tienen los bienes raíces, por ejemplo. Se trata de una inversión que en ningún caso se limita a un aspecto puramente económico. Ser un buen Human Resources Investor necesita tener en cuenta elementos como las emociones, las expectativas, motivaciones, vivencias, deseos, energía, conocimientos, necesidades, etc. Es decir, lo netamente humano.

Hablamos de seres humanos, con todo lo que conlleva, por mucho que el marketing se empeñe en definir a los profesionales como productos (Un buen ejemplo es la forma de ver a los artistas de publicistas como Risto Mejide).

En este contexto, tiene toda la lógica pensar en el salario emocional, como complemento a las compensaciones económicas por trabajar en un proyecto empresarial o en una organización de cualquier tipo.

 

¿Qué es el salario emocional?

Cuando hablamos de salario emocional nos referimos a cualquier aportación no económica que una empresa realiza a sus empleados. Insistimos, son aportaciones complementarias al salario, es decir, que el hecho de que un trabajador reciba una aportación de este tipo, no ha de suponer una disminución de su sueldo.

Tal y como su nombre indica, el salario emocional consiste en añadir al sueldo de un empleado aspectos que tengan más importancia para él que el propio dinero. El objetivo es alcanzar el bienestar del trabajador, aportar algo que genere en él un sentimiento de plenitud, de manera que no permanezca en la empresa porque no tiene más opciones, sino porque siente que no existe un lugar mejor para trabajar para él/ella. Por ello, esta herramienta puede utilizarse para captar y fidelizar el talento, pero también puede ser útil en los casos en los que no se pueden asumir aumentos de salario, pero se quiere mantener o premiar a los trabajadores.

En cualquier caso, es un tipo de compensación que suma tanto para el trabajador como para la empresa. Puede aportar bienestar psicológico al empleado, facilidades para la conciliación de la vida familiar y laboral, la oportunidad de desarrollarse y mejorar, o crecer dentro de la empresa, etc. Son aspectos que aumentarán la motivación del profesional, lo que tiende a repercutir positivamente en la productividad, hecho que beneficia directamente a la organización.

 

¿Cómo aplicar el salario emocional?

El salario emocional puede presentarse de diversas formas, por lo que cada empresa tiene la oportunidad de analizar tanto las necesidades de su plantilla como sus propias posibilidades, para ofertar una u otra ventaja emocional. En este sentido, si lo que queremos es fidelizar a la plantilla, es posible elegir elementos que, o bien sabemos que son importantes para nuestro personal, o bien tenemos la certeza de que no podrán obtener en otra empresa. Así, el abanico de posibilidades es muy amplio. De todos es conocido el “Ranking Best Workplaces España”, que certifica anualmente la excelencia de los lugares para trabajar en base a la percepción de los empleados, unida a las buenas prácticas y políticas de cultura organizacional.

En los últimos años hemos asistido  al incremento de la  flexibilidad horaria, el teletrabajo o cualquier opción que facilite la conciliación como los aspectos más valorados. Se trata de opciones muy adecuadas para trabajadores con menores a cargo, pero también para personas que valoran tener tiempo para ellos mismos y construir una vida personal en paralelo a su vida profesional.

Pero no son los únicos aspectos. Fomentar un buen ambiente de trabajo puede ser clave para atraer y fidelizar trabajadores. Esto incluye favorecer el sentimiento de equipo, valorar y reconocer el trabajo de los empleados, permitir a la plantilla tomar decisiones y ser oída, evitar los conflictos y el ambiente hostil o el desarrollo de líderes con capacidad de influencia y no solo de jefes con poder formal.

Asimismo, ofrecer formación a los trabajadores que les permita desarrollarse y evolucionar, u ofrecer oportunidades de crecimiento, pueden conformar aspectos de ese salario de tipo emocional del que hablamos.

En definitiva, el salario emocional es un concepto muy amplio y variable. El éxito en su empleo depende de muchos factores y necesita una labor de conocimiento de nuestra propia plantilla y, en ocasiones, de cada persona individualmente considerada. Sus ventajas son innumerables, pero es recomendable dejarse aconsejar por un experto en la materia, a efectos de garantizar su adecuada valoración y fijar los límites que permitan el buen desenvolvimiento de la organización.

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