En estos primeros días del año, muchos nos reincorporamos a la vida laboral tras un pequeño período de vacaciones. Súbitamente, nos percatamos de lo duro que resulta volver a cumplir un horario. Necesitamos rehacernos, recolocarnos, volver a coger eso que llaman ritmo. La vitalidad laboral no fluye por las venas con facilidad.

Somos personas. Como tales, nuestros ritmos circadianos se alteran, se modifican, evolucionan y se desorganizan.  Curioso que, en la era de la IA, sigan siendo precisamente esos organismos vivos, las personas, las que diseñan productos, crean e implementan acciones, aportan creatividad, logran resultados, y un largo etcétera de aderezos que maridan con las empresas.

El horario, aunque inicialmente puede parecer irrelevante, es potencialmente capaz de jugar un papel clave en la productividad. En este inicio de un nuevo año, queremos destinar este sencillo y breve artículo, al tan controvertido tema de la flexibilidad horaria.

La implantación de horarios flexibles en una empresa puede ser una herramienta útil para la mejora de la productividad empresarial. Cabe pensar que, si aumenta la satisfacción del empleado, ayudará a mejorar su desempeño, aunque este hecho no ha conseguido ser demostrado científicamente aún de modo fehaciente.

No todos los modelos de negocio permiten la flexibilidad horaria ni siempre está clara su relación con la productividad. No obstante, hay un factor adicional que no debemos olvidar, también es un arma potente para mantener el talento en la empresa.

 

Flexibilidad laboral, ¿qué es?

Cuando hablamos de flexibilidad laboral, nos referimos a aquellos horarios de trabajo que no establecen una jornada rígida, sino que permiten una adaptación a las necesidades específicas de los trabajadores.

Esto supone que los empleados pueden decidir, normalmente dentro de unos límites establecidos por la empresa, la hora a la que entran y salen de trabajar. Este modelo de jornada implica una mayor libertad, con más facilidad para compaginar trabajo y vida privada.

 

Tipos de flexibilidad horaria

La flexibilidad laboral ofrece varias modalidades. Lo más adecuado será valorar las posibilidades de la empresa y de sus puestos de trabajo. Habrá que conjugarlas con las necesidades de los trabajadores, escogiendo la mejor forma de implantación de una política horaria.

A) En un primer modelo, nos encontramos con el establecimiento de un horario fijo, que el trabajador necesariamente tiene que cumplir, y otro variable, que escoge el trabajador, dándose las siguientes situaciones:

  • El trabajador puede empezar su jornada al inicio de su horario fijo y completar las horas al término del mismo,
  • puede completar las horas variables antes y finalizar su jornada con el horario fijo, ó
  • realizar unas horas antes y otras tras el horario fijo.

Este modelo es muy adecuado cuando se necesita que los trabajadores coincidan durante una serie de horas en las que se producen reuniones, situaciones de trabajo en equipo, flujos de información personales, etc. Es decir, cuando resulta obligado un solapamiento en los horarios de los trabajadores.

Normalmente el trabajador debe escoger a priori que jornada le viene mejor. Se articula entendiéndolo como un horario estable, escogido por el trabajador dentro de un abanico de posibilidades, pero inmutable a lo largo de los días.

Cuando es necesario organizar las operaciones en función de una determinada demanda, esta inmutabilidad es necesaria por parte de la empresa para asegurarse de que las necesidades mínimas están cubiertas con los horarios escogidos por los empleados.

B) Una segunda opción es un horario flotante, en el que el trabajador escoge la hora de entrada y salida diariamente. Se permite, incluso, la acumulación y recuperación de horas. En atención al tipo de empresa y tarea, pueden establecerse un número de horas mínimas de trabajo diario. Coincide, parcialmente, con el concepto legal de distribución irregular de la jornada.

Es una opción viable en trabajos sin mucha interacción con terceras personas y con una carga desigual de actividad en distintos momentos. Muchos profesionales funcionan de este modo.

Esta forma de organización puede dificultar mucho la interacción entre trabajadores y la coordinación de actividades. Habrá que contemplar este aspecto si resulta necesario, estableciendo algún tipo de norma o espacios temporales comunes.

C) La posibilidad más flexible sería el horario libre, en el que el trabajador escoge libremente sus horarios, o no tiene horarios. El control empresarial se limitaría al cumplimiento de los objetivos. Esto lo permiten en la actualidad un buen número de posiciones relacionas con proyectos, especialmente en IT, profesiones creativas que tienen que hacer entregas (diseñadores, publicistas, escritores, etc.), profesiones comerciales sujetas a un resultado económico, etc.

D) Finalmente, debemos hacer referencia a la modalidad de comprimir la jornada, que supone que el empleado trabaja más horas diarias con el fin de acumular uno o varios días libres cada semana. Una reciente experiencia en Japón ha demostrado incrementos de la productividad en más de un 40% reduciendo la semana laboral a 4 días de 12 horas diarias.

Recordemos que la ley en España nos obliga a un descanso mínimo de 12 horas entra la finalización de una jornada y el comienzo de la siguiente.

 

¿Ayuda la flexibilidad laboral a retener el talento?

La flexibilidad horaria es una herramienta que favorece al trabajador, al dotarle de mayor libertad y ofrecerle recursos para conciliar su vida personal y laboral. La mayoría de los profesionales están a favor de la misma, salvo aquellos que prefieren estructurarse en torno a unos límites muy marcados.

Antes de implantarla, debemos analizar si también beneficia a la empresa. Muchos sectores no pueden hacerlo libremente, como el comercio, determinados servicios, entornos fabriles, etc. Debemos hacernos la siguiente pregunta:

¿En nuestro modelo de negocio, el aumento del bienestar del trabajador se traduce en un aumento de su motivación y en un incremento de la productividad?

Cuando, por el perfil de trabajadores o de puestos de trabajo, podemos establecer esta relación, aunque sea mínima, es absolutamente conveniente un sistema de flexibilidad horaria, con algún modelo de control de resultados.

En ciertos sectores de cuello blanco, la flexibilidad laboral ofrece un plus, una mejora, un motivo de fidelidad a la empresa, por encima de lo económico.  En definitiva, hace más atractivo el puesto de trabajo en relación con otras empresas.

La flexibilidad de jornada ayuda a atraer y retener el talento ofreciendo a los profesionales unas condiciones horarias que contribuyen a su motivación y a la conciliación familiar y laboral. En general, las jornadas flexibles aumentan la satisfacción y no disminuyen el desempeño.

Como indicábamos al principio de este artículo, seguimos siendo humanos que trabajan en la era de la maquinas. Aquellas políticas orientadas al bienestar y la conciliación, siempre que sean posibles, no van a perjudicar a la empresa, quizás tengan un impacto positivo en el éxito empresarial y, desde luego, están mejor pensadas para los seres humanos.